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Lo que significa ser una persona 'equilibrada'

8/12/2016

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"Todo el mundo es igual en su inconfesada creencia de que, en el fondo, son diferentes a los demás" —David Foster Wallace

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Gracias a Verne Ho por la imagen (clic sobre ella para más info.)
En 2005, el ya fallecido autor norteamericano David Foster Wallace dio un magnífico discurso de graduación en el Kenyon College que se ha conocido como “Esto es agua”.
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En el discurso Wallace invitaba a los estudiantes a aprender a pensar. Lo cual significaba para el autor abandonar la egocéntrica visión del mundo que utilizamos por defecto.
“Aprender cómo pensar” significa ser sólo un poco menos arrogante. Tener sólo un poco de conciencia crítica sobre mí mismo y mis certidumbres. Porque un amplio porcentaje de las cosas sobre las que tiendo a estar automáticamente seguro resultan ser totalmente engañosas y erróneas. Yo he aprendido esto de la manera difícil, como predigo que os pasará a vosotros, graduados, también.

He aquí sólo un ejemplo de lo totalmente equivocado que estoy en algo sobre lo que tiendo a estar automáticamente seguro: todo en mi propia e inmediata experiencia apoya mi profunda creencia de que soy el centro absoluto del universo; la persona más real, intensa e importante que existe. Rara vez pensamos sobre esta clase de egocentrismo básico y natural porque es socialmente repulsivo. Pero nos pasa lo mismo a todos. Es nuestra configuración natural, enraizada en nuestro ser desde que nacemos. Pensadlo: no hay experiencia que hayáis tenido de la que no fuerais el centro absoluto. El mundo tal como lo experimentamos está ahí, enfrente TUYO o detrás de TI, a TU izquierda o derecha, en TU televisión o en TU monitor. Y así sucesivamente. Los pensamientos y sentimientos de los demás te son comunicados de alguna manera, pero los tuyos propios son tan inmediatos, urgentes y reales…

Quienes pueden modificar las configuraciones naturales con las que nacemos son a menudo descritos como seres “equilibrados”, lo que os digo no es un término fortuito.

Como estoy seguro que ya sabéis, es extremadamente difícil permanecer alerta y atentos en lugar de caer hipnotizados por el constante monólogo desarrollado dentro de tu cabeza…
Para ilustrar su punto Foster Wallace utiliza en el discurso varios casos de la vida cotidiana. Cuando alguien nos cierra el paso en una autopista, por ejemplo, tendemos a enfurecernos y considerar al otro como un estúpido inepto.

​Sin embargo, puede ocurrir que esa persona que nos cerró, en lugar de ser un inepto se dirija hacia el hospital en el que su hijo se encuentra grave después de sufrir un accidente.


O quizá la irritante señora que está gritando a su hijo en el supermercado es habitualmente una madre muy afectuosa, pero esa semana puede estar exhausta por haber tenido que cuidar a un familiar enfermo de cáncer.

A mi me ha pasado, por ejemplo, que cuando alguien no me saluda con amabilidad pienso que esa persona es engreída o antipática. Pero luego, cuando la conozco un poco mejor, me doy cuenta que es tímida, no engreída.

En el libro de Barry Schwartz, ¿Por qué trabajamos? hay una historia que me recordó el consejo de David Foster Wallace de ponerse en la posición de los demás. La empatía nos hace más humanos:
Luke trabaja en labores de limpieza en un importante hospital universitario. En una entrevista con la investigadora Amy Wrzesniewski y sus colaboradores... relató un incidente en el que limpió la habitación de un paciente joven que se encontraba en coma dos veces. Ya lo había hecho una vez, pero el padre del paciente, que había estado cuidando a su hijo durante meses, no había visto a Luke limpiar la habitación y le había reñido. Luke la limpió de nuevo. De buen agrado. ¿Por qué? Luke lo explicó así:

Luke: Yo conocía la situación de su hijo. Había estado aquí mucho tiempo y. . . por lo que he escuchado, su hijo se involucró en una pelea y terminó paralizado. Por eso llegó aquí, estaba en coma y no salía de el… Pues bien… Fui y limpié su habitación. Su padre permanecía aquí todos los días, todo el día, y a veces salía a fumar. Había salido a fumar un cigarrillo y volvió después de que yo había terminado de limpiar la habitación. Me encontré con él en el pasillo, y simplemente se alteró. . . Diciéndome que no lo había hecho. Que no había limpiado la habitación y todo esto. Al principio, me puse a la defensiva, e iba a discutir con él. Pero, no se, lo pensé mejor y le dije: "Lo siento. Voy a limpiar la habitación”.

Entrevistador: ¿Y la limpiaste de nuevo?
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Luke: Sí, la limpié para que me viera limpiarla... Puedo entender por lo que estaba pasando. Habían pasado como seis meses desde que su hijo ingresó aquí. Estaría un poco frustrado, así que limpié de nuevo. Yo no estaba enfadado con él. Supongo que podía entenderlo.
Intentar entender la situación de los demás le abre la puerta a la empatía y a la compasión.
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Entre la generosidad y el egoismo

7/12/2016

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"La competencia es intensa entre los seres humanos, y dentro de un grupo las personas egoístas siempre ganan. Pero en la competencia entre grupos, grupos de altruistas siempre derrotan  a grupos de individuos egoístas" —Edwar O. Wilson

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Gracias a Olga Guryanova por la imagen (clic sobre ella para más info.)
Hace un poco más de dos semanas, publiqué un artículo sobre la propensión que tenemos los seres humanos a compartir la información que consideramos útil.

Este impulso permite que otros miembros de nuestro grupo se beneficien de dicha información y, de esta manera, el grupo se hace más fuerte.

En la sección de comentarios del artículo, un habitual miembro de esta fantástica comunidad de aprendices comentó, con algo de sonrojo, que en ocasiones el tiene el impulso contrario: guardarse la información y así tener una ventaja sobre los demás.

Esta tarde, mientras leía el estupendo libro de Edward O. Wilson, El sentido de la existencia humana, me encontré con un esclarecedor pasaje que explica las tendencias opuestas que conviven dentro de nosotros.

Por un lado, actuar de manera egoísta nos beneficia en algunas circunstancias y favorece nuestra causa como individuos.

Sin embargo, cuando llevamos a cabo actos altruistas beneficiamos al grupo y nos beneficiamos a nosotros mismos: nuestras probabilidades de supervivencia aumentan cuando hacemos parte de un colectivo fuerte.

Así explica el profesor Wilson estos impulsos contrarios:
La teoría estándar de la selección natural… se basa en el principio de que la unidad de herencia es el gen, que normalmente forma parte de una red de genes, y el objetivo de la selección natural es el atributo que prescribe el gen. Por ejemplo, un gen mutante dañino para los humanos es el que prescribe la fibrosis quística. El gen es poco común porque su fenotipo, la fibrosis quística, es contraproducente —perjudica la longevidad y la reproducción—. Entre los genes mutantes que nos son favorables encontramos, por ejemplo, los que prescriben a los adultos tolerancia a la lactosa. Tras surgir en las poblaciones consumidoras de leche de Europa y África, el fenotipo prescrito por los genes mutados hizo de la leche un alimento bueno para los adultos, incrementando así la longevidad y la reproducción comparativas de aquellas personas que los poseyeran.

Un gen que acarree un atributo que afecte la longevidad y reproducción del miembro de un grupo en relación a los otros miembros del mismo grupo se lo considera sujeto a la selección natural a un nivel individual. Un gen que acarree un atributo que conlleve cooperación y otras formas de interacción con miembros del mismo grupo puede que esté sujeto a selección a nivel individual, o puede que no. En ambos casos lo más probable es que afecte la longevidad y reproducción del grupo en su totalidad. Ya que los grupos compiten con otros grupos, tanto entrando en conflicto como en su eficiencia relativa a la hora de obtener recursos, sus atributos diferenciadores están sujetos a la selección natural. En concreto, aquellos genes que prescriben atributos interactivos —por lo tanto, sociales— están sujetos a una selección a nivel grupal.

He aquí una descripción hipotética de la evolución según la teoría estándar de la selección natural. Un ladrón eficaz persigue sus propios intereses y los de sus hijos, pero sus acciones perjudican al resto del grupo. Aquellos genes que proscriban su actitud psicopática se incrementarán de una generación a otra, pero, al igual que un parásito que agrede y lastima un organismo, su conducta debilita al resto del grupo, algo que a la larga perjudica al mismo ladrón. En el otro extremo, un valiente guerrero conduce a su grupo hacia la victoria, pero muere en el campo de batalla, dejando atrás poca descendencia o ninguna. Sus genes heroicos desaparecen con él, pero el resto de individuos del grupo, y los genes heroicos que comparten, se benefician e incrementan.

Los dos niveles de selección natural (individual y grupal) que demuestran estos extremos, son opuestos. A la larga conllevarán, o bien un equilibrio entre los genes opuestos, o la erradicación definitiva de uno de los dos. Podemos resumir la contienda con esta máxima: los miembros egoístas prosperan dentro de sus grupos, pero los grupos formados por altruistas se sobreponen a los grupos formados por egoístas.
Así que mi querido Aprendiz, que una veces quieras compartir y que otras no, es natural del todo.
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Marginalia y el futuro del libro

5/12/2016

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"Los libros son el entretenimiento perfecto: sin comerciales, sin baterías, horas de diversión por cada dólar gastado. Lo que me pregunto es por qué todo el mundo no lleva un libro consigo a esos inevitables lugares muertos que hay en la vida" —Stephen King

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Gracias a Jazmin Quaynor por la imagen (clic sobre ella para más info.)
El académico norteamericano Charles William Eliot afirmó: “Los libros son los más tranquilos y constantes de los amigos; son los más accesibles y más sabios consejeros. Los más pacientes maestros”.

Los libros tienen el poder de dar luz a nuestra mente y así nos ayudan a transformarnos, a crecer y convertirnos en las personas que deseamos ser.

Para casi cualquier problema que tengamos en la vida, podemos recurrir a un libro para que nos brinde consejo y consuelo.

Aunque las personas leen menos libros hoy en día, e incluso muchos se atreven a asegurar que su fin está cerca. El libro ha demostrado una enorme fortaleza.
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Cuando le preguntaron al gran Umberto Eco por el futuro del libro contestó:
Una de dos cosas sucederá: o el libro continuará siendo el medio de lectura, o su reemplazo se asemejará a lo que el libro ha sido siempre, incluso antes de la invención de la imprenta. Las alteraciones del libro como objeto no han modificado su función ni su gramática por más de 500 años. El libro es como la cuchara, las tijeras, el martillo, la rueda. Una vez inventado, no puede ser mejorado. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que una cuchara. Cuando los diseñadores tratan de mejorar algo como el sacacorchos, su éxito es muy limitado; la mayoría de sus "mejoras" ni siquiera funcionan. Philippe Starck intentó crear un exprimidor de limón innovador; su versión era muy guapa, pero deja pasar las semillas. El libro ha sido probado a fondo, y es muy difícil ver cómo podría ser mejorado para sus propósitos actuales. Tal vez evolucionará en términos de componentes; tal vez las páginas ya no serán de papel. Pero seguirá siendo lo mismo.
Ahora bien, para que la lectura de libros sea más provechosa, esta debe ser activa. "Algunos libros —afirmó Francis Bacon— son para ser probados, otros para ser tragados, y unos cuantos para ser masticados y digeridos".

La lectura es activa y los libros “masticados y digeridos” cuando hacemos anotaciones mientras vamos leyendo.

Marginalia es el término con el que se denomina la costumbre de realizar anotaciones sobre los márgenes de los libros.

Mortimer J. Adler, en su clásico libro Como leer un libro escribió de manera persuasiva sobre la necesidad y utilidad de las anotaciones al margen:
Cuando usted compra un libro, establece un derecho de propiedad en él, al igual que lo hace cuando compra y paga por la ropa o los muebles. Pero en el caso del libro, el acto de compra es en realidad sólo el preludio de la posesión. La plena propiedad de un libro sólo llega cuando este se convierte en parte de lo que uno es, y la mejor manera de hacerse uno parte del libro (lo que viene a ser la misma cosa) es escribir en el.

¿Por qué marcar un libro es indispensable para leerlo? Primero, te mantiene despierto, no sólo consciente, sino despierto. En segundo lugar, la lectura, si es activa, es pensar, y el pensamiento tiende a expresarse en palabras, habladas o escritas. La persona que dice que sabe lo que piensa, pero no puede expresarlo, por lo general no sabe lo que piensa. Tercero, escribiendo sus reacciones al margen le ayuda a recordar los pensamientos del autor.

Leer un libro debe ser una conversación entre usted y el autor. Presumiblemente él sabe más sobre el tema que usted; si no, usted probablemente no se debería estar molestando con el libro. Pero la comprensión es una operación de dos vías; una vez que el alumno entiende lo que el maestro está diciendo, tiene que cuestionarse y cuestionar al maestro. Marcar un libro es literalmente una expresión de sus diferencias o sus acuerdos con el autor. Es la mejor manera de demostrar su respeto hacia el.
En la era de los libros electrónicos la manera como realizamos la marginalia ha cambiado, pero como el libro, no va a desaparecer. Realizar anotaciones es una aspecto esencial de la buena lectura.
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Sanar a través de la escritura

1/12/2016

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"Debemos escuchar lo que nuestro guía interior nos está señalando" —Julia Cameron

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Gracias a Aaron Burden por la imagen (clic sobre ella para más info.)
Cada mañana al despertar, y después de meditar, con lápiz y cuaderno en mano empiezo a escribir sobre cualquier cosa que se cruce por mi mente, durante alrededor de media hora.

Cuando comencé con esta práctica tenía algunas dudas, pero al poco tiempo me di cuenta que era cosa poderosa.

Creatividad, claridad, aceptación, propósito, calma, optimismo, compasión… son palabras que vienen a mi mente cuando pienso en los beneficios que he obtenido al escribir a diario.

Pero no soy solo yo quien puede dar fe de dichos beneficios. Resulta que existe una gran cantidad de investigación científica que respalda la utilidad de volcar nuestros pensamientos en papel (aunque también sirve un ordenador o una grabadora de voz).

En el estupendo libro Emotional Agility de la doctora Susan David me encontré lo siguiente:
James Pennebaker, un distinguido profesor de la Universidad de Texas, se casó a principios de los años setenta justo después de terminar la universidad. Tres años después de su boda, él y su esposa comenzaron a cuestionar su relación, y Pennebaker, confundido e inquieto, se hundió en una depresión. Comía menos, bebía más y empezó a fumar. Avergonzado por lo que él veía como debilidad emocional, se volvió cada vez más aislado.

Una mañana, al cabo de un mes, Pennebaker salió de la cama y se sentó ante una máquina de escribir. Se quedó mirando la máquina por un momento, y luego comenzó a escribir libre y francamente sobre su matrimonio, sus padres, su sexualidad, su carrera e incluso la muerte. Continuó escribiendo y en los días que siguieron, sucedió algo fascinante. Su depresión se evaporó y se sintió liberado. Comenzó a reconectar con el profundo amor que sentía por su esposa. Pero la escritura tuvo un impacto aún más hondo. Por primera vez, comenzó a ver el propósito y las posibilidades de su vida.

La experiencia de superar este rocoso período, fue el comienzo de las investigaciones que Pennebaker ha realizado durante cuarenta años, sobre los vínculos entre la escritura y el procesamiento emocional. Realizó, uno trás otro, estudios en los que dividía a las personas en dos grupos. Pedía a un grupo que escribiera sobre experiencias emocionalmente significativas y al otro que lo hiciera sobre cosas cotidianas: sus zapatos o quizá los coches que pasaban por la calle. Ambos grupos escribían durante el mismo tiempo (unos veinte minutos al día, tres días seguidos).

En cada estudio, Pennebaker encontró que las personas que escribieron sobre episodios con carga emocional experimentaron una marcada mejora en su bienestar físico y mental. Estaban más felices, menos deprimidos y menos ansiosos. En los meses posteriores a las sesiones de escritura tuvieron la presión arterial más baja, una mejor función inmunológica y menos visitas al médico. También reportaron relaciones de mayor calidad, memoria superior y más éxito en el trabajo.

Después de muchos más estudios, con muchos miles de participantes (niños y ancianos, estudiantes y profesionales, personas sanas y personas enfermas) podemos decir con confianza que reconocer y dedicar palabras a las emociones es una forma tremendamente útil de lidiar con el estrés, la ansiedad y las pérdidas (la buena noticia para las personas que no les gusta poner el bolígrafo en el papel o los dedos en el teclado, es que no hay nada mágico en el acto de escribir en sí mismo. Utilizar una grabadora de voz, por ejemplo, puede ofrecer los mismos resultados).

Pero no se equivoquen: estas personas no hallaron la manera de disfrutar cuando son traicionados, o sufren pérdidas de seres queridos, son despedidos o están críticamente enfermos. No obstante, disolver el enredo que se había armado entre sus emociones y sus acciones, para que pudieran ver su experiencia en un contexto más amplio, y desde una perspectiva mayor, permitió que florecieran a pesar de todo. Más a menudo de lo que se podría esperar, encontraron maneras de convertir esos obstáculos en oportunidades y conectar de manera más directa con sus valores más auténticos.
Estas son las recomendaciones de Pennebaker sobre cómo realizar el ejercicio:
Ajuste la alarma para que suene en veinte minutos. Abra su portátil (o cree un documento). Cuando comience el cronómetro, empiece a escribir sobre las experiencias emocionales de la semana, el mes o el año anterior. No se preocupe por la puntuación, la falta de orden o de coherencia. Simplemente vaya donde su mente le lleve, con curiosidad y sin juzgar. Escriba sólo para usted y no para algún lector eventual. Haga esto por unos días. Luego tire el papel (o póngalo en una botella y tírelo al mar) o cierre el documento sin guardarlo. O si está listo, inicie un blog o encuentre un agente literario. Da igual. El punto es que esos pensamientos ya están fuera de usted, en una página. Y usted ha comenzado el proceso de "alejarse" de su experiencia para empezar a ganar perspectiva sobre ella.
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